domingo, 21 de diciembre de 2014

¡LA SANCIÓN MÁS DURA SE LAS DARÁ EL PUEBLO VENEZOLANO!


Los derechos humanos son una totalidad indivisible: Nadie puede garantizar los derechos económicos y sociales mientras viola los derechos civiles y políticos. Aquel cuento oficialista de que es posible “sacrificar la libertad”, bajo el argumento de que esa sería supuestamente una característica “burguesa”, a cambio de “garantizar la igualdad” porque eso es “lo que le interesa al pueblo”, ha demostrado ser una oferta engañosa, una mentira.
 

DERECHOS HUMANOS EN EL BARRIO

Al final ha terminado ocurriendo lo que he vemos todos los días en nuestros barrios, en las calles y en los centros de trabajo que aún quedan en todo el país. En el barrio, por ejemplo, el gobierno primero viola nuestros derechos económicos y sociales más elementales, al obligarnos a hacer inmensas colas para adquirir alimentos y al restringir nuestro acceso a servicios públicos básicos como el agua potable, la recolección de basura, la seguridad ciudadana y la red pública de salud. Luego (si la comunidad protesta por estas agresiones económicas y sociales) viene entonces la represión, tanto de las fuerzas regulares del Estado como de los grupos paramilitares mal llamados “colectivos”, violando así el derecho a la manifestación, a la libre expresión del pensamiento, a la organización autónoma y a la movilización, que son derechos civiles y políticos.


Un ejemplo eficiente de esto fue lo sucedido este año en SIDOR: A los obreros de la que alguna vez fue la principal empresa siderúrgica del país y de América Latina, el gobierno violó primero sus derechos económicos y sociales, al imponerles un contrato colectivo que según los trabajadores lesionaba sus intereses. Luego, cuando los obreros protestaron, vino la represión, las tanquetas, los perdigones, el “gas del bueno”, la persecución y la prisión de los dirigentes sindicales, violando de esta manera los derechos civiles y políticos de los trabajadores.


LA IMPUNIDAD NO ES ETERNA

Así como los derechos humanos son indivisibles, su violación es un delito que no prescribe. En efecto, la violación de estos derechos es un crimen de lesa humanidad, cuyo castigo no prescribe, es decir, no se “vence” con el tiempo: Quienes cometen esas violaciones las perpetran haciendo uso y abuso del poder, porque creen que ese poder será eterno. Pero el tiempo pasa, la vida cambia, y los poderosos dejan de serlo, y pierden así la impunidad.
 

LA IMPUNIDAD NO ES “SOBERANA”

De la misma manera, la violación de los derechos humanos es un delito que no conoce fronteras: Tales derechos están consagrados en una “Declaración Universal”, documento aprobado por las Naciones Unidad en 1948. Por eso aunque el delito lesa humanidad sea cometido en un país el delincuente puede terminar siendo juzgado en otro, y por un tribunal integrado por personas de otras nacionalidades. Por eso existe el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Por eso existe el sistema interamericano de protección a los derechos humanos, del cual por cierto este gobierno pretende salirse. El carácter internacional de la búsqueda, persecución y castigo a los violadores de Derechos Humanos es otra estrategia desarrollada por la humanidad para romper la impunidad de estos criminales. Porque la impunidad, así como no es eterna, tampoco es extensa: los que violan los derechos de las personas haciendo uso y abuso del poder lo pueden hacer allí donde ese poder les brinda impunidad, pero más allá de ese lugar quedan expuestos a la acción de la justicia. Por eso es que la persecución y condena a los violadores de derechos humanos no está limitada por fronteras nacionales.


REPRESORES Y CORRUPTOS

En días recientes el Congreso de los Estados Unidos aprobó una Ley, refrendada por el presidente de ese país, para sancionar a los funcionarios del gobierno venezolano que hayan incurrido en violaciones de derechos humanos y que posean allí cuentas bancarias, mansiones, empresas y otros bienes. Tales funcionarios quedan expuestos ahora a la congelación de esos bienes y capitales, y al retiro de las visas para viajar a ese país. Lo primero que los venezolanos tenemos que lamentar es que no haya sido el parlamento y el gobierno de nuestro país los que hayan promovido esta política de sanciones a los violadores de derechos humanos, pues los mismos también están garantizados por nuestra Constitución. Además, podríamos estar en presencia de una DOBLE lesión a los derechos, pues si bien la represión violenta contra las personas es una violación de los derechos humanos, la corrupción también lo es: ¿O es que nadie va a investigar cómo es que precisamente esos presuntos violadores de derechos humanos tienen cuentas en dólares, mansiones, yates y carros de lujo en “el Imperio”? ¿No es acaso ese el dinero que falta en los hospitales y escuelas venezolanas?
 

DE “LOS EXTRADITABLES” A “LOS SANCIONABLES”

Un gobierno serio estaría más bien persiguiendo a esos violadores de derechos humanos y cazadores de renta petrolera para devolver esos recursos al pueblo. Pero no es eso lo que ha ocurrido: Puesto a escoger entre proteger la corrupción o defender al pueblo, el régimen optó por establecer solidaridades automáticas con los presuntos violadores de derechos humanos que además tienen cuantiosos bienes en el exterior. El gobierno de Maduro intenta manipular haciendo ver que se está sancionando a “la Patria de Bolívar” cuando la verdad es otra muy distinta: los sancionables no son todos los venezolanos, sino aquellos que estén incursos en violación de los derechos humanos y que además tienen bienes en suelo norteamericano y visas de ese país. A principios de los ’80 existió en Colombia un grupo llamado “Los Extraditables”, organización de narcotraficantes que quiso arroparse en el discurso patriotero y usar la soberanía nacional como barricada para evadir la ley. Hoy en nuestro país podemos hablar de “Los Sancionables”, grupo de “presuntos” corruptos y violadores de derechos humanos que también usa el discurso patriotero para intentan evadir sanciones.
 

LA SANCIÓN MAS DURA SE LAS DARÁ EL PUEBLO

El final de esta historia es evidente. El desenlace de esta situación ocurrirá en Venezuela, no en Washington. Los problemas de los venezolanos los vamos a resolver los venezolanos. La sanción más firme que van a tener los violadores de derechos humanos y sus cómplices se la dará el pueblo venezolano: ¡Obama quizá les quite las visas, pero el pueblo venezolano seguro les quitara el poder!


POSTDATA:

Por decir verdades como estas, voceros del gobierno amenazaron públicamente el pasado viernes 19/12/2014 con adoptar “medidas legales” en mi contra por el supuesto delito de “traición a la Patria”. Mi respuesta es esta: ¡Aquí estoy! ¡Saben dónde encontrarme: En las calles, en los barrios, al lado siempre de la rabia y de la esperanza del pueblo, de ese pueblo opositor, chavista e independiente que hoy está unido contra éste régimen ineficiente y corrupto, porque como dice nuestro Himno Nacional, “La Fuerza Es La Unión”!

domingo, 14 de diciembre de 2014

PRIMERA LISTA PARCIAL DE CHAVISTAS SANCIONADOS...


El camarada Raúl Ortuño está sancionado. Su sanción consiste en tener que arrastrarse en el barro en invierno, o tragar polvo en verano, para poder llegar a su casa. Cuando conversamos con él, allá arriba en el sector “La Quinta” de la Cota 905, Caracas, Municipio Libertador, Raúl era chavista y vocero principal del Consejo Comunal “Guerreros de la Esperanza”. 

Nos dijo que estaba harto: “Aquí recibimos la visita del camarada Jorge Rodríguez cuando vino a buscar votos. Nos ofreció reparar la carretera principal. Jamás y nunca volvió por aquí después que se instaló en el cargo. Es posible que yo después de esta conversación sea catalogado como ‘escuálido’, porque desgraciadamente eso es lo que ocurre cuando nosotros los revolucionarios denunciamos a quienes no nos cumplen. Esa carretera fue aprobada hace años en FundaCaracas. Esos recursos, 150 millones de bolívares, fueron aprobados y desviados. Alguien se quedó con los millones. Nosotros nos quedamos con nuestra pobreza”.


El camarada Eliecer Thomas Tapia también fue sancionado. Su sanción consistió en quedarse sin casa porque los constructores del urbanismo gubernamental “Ciudad Belén”, en Guarenas, Miranda, abrieron unos diques en los que represaban aguas de varias quebradas. Al abrir los diques el agua enfurecida bajó por los zanjones y arrasó varias viviendas en el sector Tocorón (parte alta), entre ellas la humilde casita donde Eliecer vivía con su familia. “Nos prometieron una vivienda, pero no me cumplieron”.

En vez de reponer su vivienda, el gobierno lo mando al refugio Las Cabañas, de donde salió espantado: “Yo tengo una hija, que aquel momento tenía 16 años, no podía estar en un refugio con gente extraña, expuesto a que le pasara algo a mi muchacha”. De allí se fue arrimado con una familia amiga, situación que la burocracia oficial llama “refugio solidario”. Allí estaba cuando nos contó, con rabia: “Soy un revolucionario, estoy con el proceso, yo le maneje a mi Comandante las Mesas Técnicas de Empleo del Metro Caracas-Guarenas, y ni por eso fui tomado en cuenta. Somos revolucionarios y a los revolucionarios no nos están tomando en cuenta”.


El camarada Alejandro Caraballo también fue sancionado. Su sanción consistió en quedarse a la intemperie durante años. El gobierno le tumbó el rancho, allá en el Barrio Santa Eduvigis, Parroquia Urimare, Estado Vargas, con la promesa de que en tres meses le entregarían su vivienda. Cinco años después conversó con nosotros: “Soy revolucionario, inscrito en el PSUV. Después que me tumbaron el rancho pase mucho tiempo pagando alquiler, y luego tuve que mudarme a una casa prestada. Cada vez que el presidente va al aeropuerto sale por la Rampa 4 de Maiquetia. Ojalá levantara la vista, porque exactamente al frente de la Rampa 4 está Santa Eduvigis, y podría ver toda esta desidia, toda esta miseria”.


Los camaradas Raúl, Eliecer y Alejandro fueron sancionados, pero no por el Senado Norteamericano. Su delito no consistió en ser corruptos, o en ser violadores de los derechos humanos. A ellos quien los sancionó fue el Gobierno venezolano, el gobierno pesuvista, y su único delito, su única culpa, fue la de ser pobres. Estos testimonios son del tiempo en que ellos y otros millones de chavistas decían “mi Comandante es bueno, mi Presidente tiene buen corazón, pero está mal rodeado por unos tipos que le ocultan la verdad”. 

Hoy la situación es mucho peor, porque los “tipos” que “mal rodeaban” al Presidente Chávez ahora tienen en sus manos directamente el poder, y en la actualidad en vez de ignorar a los chavistas del pueblo los agreden. El Diosdado-Madurismo en el poder no se limita a incumplir los compromisos con su propia base militante. Ahora las cúpulas podridas “sancionan” con mucha más saña a los chavistas del pueblo, los persiguen, los agreden con gas lacrimógeno y con perdigones, los ponen presos y los someten a tortuosos e injustos procesos judiciales.


En efecto, la camarada Massiel Pacheco (una chavista de 21 años de edad, habitante del Barrio Villa Zoyla, vendedora ambulante de arepas frente al Parque del Este) fue cruelmente sancionada: detenida por la Guardia Nacional y la “Milicia Bolivariana” el 2 de abril de este año, acusada de “terrorista” por el Ministro de Relaciones Interiores en televisión nacional, presa desde el 11 de abril en la Cárcel de Mujeres de los Teques, fue obligada a destetar a su bebé antes de tiempo pues no podía amamantarlo en prisión. Aunque ya está en libertad, aun espera una disculpa.


Los camaradas Rederick Leyba, Legnys Quijada y Heberto Bastardo, trabajadores de SIDOR, chavistas y militantes del Movimiento Revolucionario Orinoco, también han sido sancionados con saña: Fueron detenidos por el SEBIN el pasado 19 de septiembre, en el marco de las protestas obreras contra el contrato colectivo impuesto ilegalmente a los trabajadores. En la actualidad sus compañeros de trabajo recogen un diezmo en el Portón 3 de SIDOR para alimentar a sus familias, pagar sus abogados y colaborar con el Niño Jesús...


Como Massiel, como los tres sidoristas presos, son numerosos los chavistas de base que han sido víctimas de las “sanciones” impuestas en meses recientes por el Diosdado-Madurismo: En Guayana tras las amenazas vinieron las tanquetas; En Lara la dirección sindical revolucionaria que libremente se dieron los trabajadores cementeros fue desconocida por la burocracia de MinTrabajo; Trabajadores chavistas de la Corporación de Servicios del Distrito Capital han sido amenazados de muerte por sus patrones pesuvistas, mientras que en Guanta y Puerto Cabello el gas lacrimógeno fue la respuesta a los reclamos de los trabajadores de Bolivariana de Puertos…


Esos chavistas del pueblo, sancionados por el gobierno de la boliburguesía, no generan preocupación ni solidaridad en el Diosdado-Madurismo: Ellos están preocupados es por los sujetos que están “full de billetes verdes”, que tienen tantos dólares que optaron por depositarlos en bancos “del imperio” y que han comprado mansiones y empresas en “el imperio”, y que ahora están angustiados porque el Senado de ese país los amenaza con sancionarlos si están incursos en violaciones de los derechos humanos. Ni Maduro ni Diosdado hicieron nada nunca en solidaridad con Raúl, con Eliecer, con Alejandro o con Massiel, pero ante la posibilidad de “sanciones” a los boliburgueses si reaccionaron, convocando a una “marcha” de la nómina de los ministerios, para que los chavistas pobres marchen en defensa de los diosdado-maduristas ricos así hayan perpetrado violaciones a los Derechos Humanos. Aunque lo parezca, esto no es un chiste: Es una tragedia, es la quiebra moral de un proyecto político que nació hablando de redimir a los pobres y que ahora los “moviliza” a juro para defender las riquezas mal habidas de los cazadores de renta.


La más dura sanción que recibirá el Diosdado-Madurismo se la dará el pueblo unido. De esa sanción si es verdad que no los salva nadie, aunque nombren a Maradona presidente del CNE.

Hagan lo que hagan, este pueblo unido, los que siempre nos hemos opuesto al ladronaje y los chavistas de base indignados, les pasaremos por encima, a punta de lucha y a punta de votos. ¡Palante!

domingo, 7 de diciembre de 2014

UN REGIMEN CON DOS CABEZAS Y NINGUN CEREBRO...


Cuando el mandón que debería gobernar “legisla” por decreto; Cuando el mandón que debería legislar gobierna por micrófono; Cuando no hay separación de poderes; Cuando la justicia es partidaria; Cuando una y otra vez se afirma desde el poder que la Fuerza Armada es dócil a la parcialidad política gobernante; Cuando el partido del presidente invade al Gobierno y cuando el Gobierno invade al Estado; En fin, cuando se intenta colocar a un documento sectario, llamado “Plan de la Patria”, por encima de la Constitución Nacional, se vulnera la democracia y es deber del pueblo restituirla y lograr de nuevo la vigencia plena de la Carta Magna, esa misma que establece que el Estado Venezolano no es “socialista” sino un Estado democrático y social de derecho y de justicia, la que dice que es el pluralismo y no el socialismo lo que caracteriza a nuestra nación, la que dice que la Fuerza Armada no obedecerá a parcialidad política ni a personalidad alguna…


EL “MODELO” ECONOMICO GOBIERNERO, EXITOSO COMO EL TITANIC…

Este proceso de destrucción de la institucionalidad democrática se da en el marco de una crisis económica que ahora, cuando el dólar está a más de 160 bolívares por unidad y el precio del petróleo venezolano bordea los sesenta dólares por barril, es cuando muestra toda su dramática profundidad. Pero esta debacle económica se viene incubando desde hace 15 años, cuando se inició la invasión de fincas y haciendas, la expropiación de empresas y fábricas, la “intervención” de comercios y empresas de servicios. Hasta el 2012, los altos precios internacionales del petróleo y la habilidad política de Chávez lograron ocultar al pueblo llano el desastroso estado de nuestra economía, pero la desaparición física de Chávez y el fin de los años de las vacas gordas en el mercado petrolero mundial dejó al desnudo la esencia perversa del modelo gobiernero. 

En efecto, en poco más de año y medio el relevo bicéfalo Diosdado-Madurista devaluó la moneda en cuatro oportunidades, pulverizando el ingreso del venezolano al transformar el salario mínimo en salario ínfimo, subió los precios de los bienes de consumo más esenciales y restringió brutalmente las importaciones, hasta lograr que desaparecieran del mercado interno las medicinas, los desodorantes y los repuestos automotrices, entre otros insumos básicos, mientras se implanta un paquete fiscalista y se mantiene en amenazante suspenso el alza de la gasolina.


LA PROTESTA LLENO LAS CALLES, PERO FUERON CALLES DISTINTAS…

Obviamente este arrebato de las libertades, primero, y esta agresión contra la calidad de vida, después, necesariamente produjo como respuesta una agudización de la conflictividad social. Durante el 2014 la juventud opositora y el pueblo chavista enfrentaron duramente al gobierno, pero lo hicieron en momentos distintos y con énfasis diferentes: La agresión oficial contra las libertades democráticas generó durante la primera mitad del 2014 la protesta estudiantil y juvenil, que al ser respondida por el gobierno con el uso desproporcionado de la fuerza legal (los cuerpos de seguridad del Estado) e ilegal (los grupos paramilitares mal llamados “colectivos”) puso al descubierto ante el mundo la naturaleza esencialmente represiva del régimen, y su condición de violador contumaz de los derechos civiles y políticos; Durante la segunda mitad del 2014 la agresión oficialista contra la calidad de vida del venezolano ocasionó la protesta obrera en SIDOR, en Corpoelec, en los centrales azucareros estatizados, en las empresas cementeras expropiadas, en Bolivariana de Puertos y en los mismos ministerios, poniendo en evidencia ante la propia base social oficialista la condición antiobrera y antipopular del Gobierno, así como su vocación de violador empedernido de los derechos económicos y sociales de la población.


AVANZAR JUNTOS POR LA CALLE DEL MEDIO

La reflexión sincera y profunda sobre lo ocurrido en este 2014 lleva a una sola conclusión: Muy probablemente en el 2015 confluirán la calle sensibilizada políticamente y la calle estremecida por lo económico y social. Ambas “calles” pueden y deben unirse en una sola vía de protesta popular contra un gobierno y un modelo que terminaron agrediendo tanto la libertad como la igualdad. Unir ambas calles requerirá esfuerzo, visión y liderazgo, pero será imprescindible hacerlo por dos razones fundamentales: Primero, porque tal unidad es imprescindible para lograr la victoria sobre un adversario que, aunque disminuido, aún posee recursos muy importantes tanto financieros como políticos para la manipulación clientelar, el abuso institucional y la represión; Segundo, porque esa misma unidad es clave para garantizar la gobernabilidad posterior al triunfo político, condición ésta indispensable para detener la caída del país e iniciar la construcción de una economía abierta y productiva, una sociedad justa e inclusiva y una democracia funcional y transparente.


EL RÉGIMEN EN BUSCA DE UNA “AYUDAÍTA…”

Sin tener ni el cariño ni la confianza de sus propias bases, en evidencia por ejercer una represión física e institucional que en vez de salvarlo lo acusa, culpable y víctima al mismo tiempo de una debacle económica que es incapaz de encarar y resolver, el “gobierno” bicéfalo del Diosdado-Madurismo enfrenta el colapso como una opción de futuro no sólo posible, sino altamente probable. A la luz de sus resultados, es evidente que este gobierno tiene dos cabezas, pero ningún cerebro. En una circunstancia tan extrema, el régimen depende de recibir una “ayudaíta”…

Y tal “ayudaíta”, desafortunadamente, es posible: Si la protesta social no se une al combate político, si los pobres de los barrios y los empobrecidos de la clase media no confluyen en una protesta congruente y poderosa, si el pueblo opositor y el pueblo chavista descontento no construyen juntos una nueva e inmensa mayoría, si la ciudadanía democrática independiente y los partidos políticos de oposición no optimizan su comunicación y coherencia, y si las organizaciones partidistas de oposición no redefinen y potencian su actual nivel de unidad, para que deje de ser una “unidad opositora” y se convierta en una alternativa de poder, si no hacemos todo eso en 2015, posiblemente el régimen totalitario tenga la “ayudaíta” que necesita para sobrevivir.


LO QUE ESTA EN JUEGO ES EL PODER

Lo que viene requiere temple, estrategia, determinación y disciplina. Es el tiempo de firmeza en la calle, en la calle que importa, la calle con pueblo. Es también el tiempo de la Política con “P” mayúscula. Unidad, consecuencia y seriedad generan victorias. Crisis económica, conflictividad social y solución política son la entrada, comida y postre del menú del 2015.

Pero que nadie se engañe: Aunque las elecciones del próximo año son parlamentarias, aquí lo que está en juego es el poder. Las elecciones podrían ser municipales o de una reina de carnaval, y aun así lo que aquí está en juego es el poder. ¡No el “gobierno”, el Poder! El que pretendió ser un régimen totalitario es ya apenas un gobierno de minoría, en tránsito acelerado a convertirse en oposición. 

 ¡Palante! ¡Fuerza, Venezuela!

domingo, 30 de noviembre de 2014

DE LA TELENOVELA DEL PETRÓLEO AL AFINQUE DE MARIN…


A mis admirados amigos Leonardo Padrón, Mary Montes, César Miguel Rondón, Colette Capriles, Laureano Márquez e Ibeyise Pacheco. A su pasión venezolanista, democrática y libertaria. A su coraje cívico, evidente en el claro rechazo a toda violencia y fanatismo.

En Venezuela no inventamos las telenovelas, pero si fuimos pioneros en convertirlas en industria de exportación: A lugares donde jamás llegaron las hazañas de nuestros peloteros o la fama de nuestras reinas de belleza, si pudo llegar nuestro país a través de la pluma de nuestros escritores, del profesionalismo de nuestros directores, de la intensidad de nuestros actores y actrices.
 

“COMO FUE, NO SE DECIRTE COMO FUE…”

El éxito de la telenovela venezolana sirvió de modelo, inspiración y aliento a la industria del espectáculo en otros países. Brasil, Colombia, México y Estados Unidos, entre otros, intentaron emular el camino abierto por Venezuela. Este éxito nacional (no estamos hablando de poca cosa, sino de miles puestos de trabajo y millones de dólares por concepto de “exportaciones no tradicionales”) fue destruido por el régimen de la brutalidad transformada en “razón de Estado”. Cerraron un canal de TV, convirtieron a otro en cómplice de su propia decadencia, la censura terminó amordazando a un tercero, y cuando vinimos a ver la telenovela venezolana había muerto, al menos como industria. En su mayoría, el talento venezolano (técnico y artístico) que laboraba en esa actividad hoy forma parte de la dolorosa diáspora criolla que en el exterior busca las oportunidades que en su tierra el sectarismo les niega. Y el público venezolano, que estaba acostumbrado ya a las sólidas historias nacidas de la pluma de un Cabrujas, de un Fausto Verdial, de una Pilar Romero o de nuestro poeta civilista Leonardo Padrón, se ve ahora constreñido a trasegar productos importados, muchos de ellos de dudosa manufactura.


“QUE SE ESTA SECANDO EL POZO DISCUTEN EN EL CONGRESO…”

Que nos haya ocurrido eso con la telenovela venezolana (es decir: que en un mercado mundial en el que éramos líderes indiscutibles hayamos quedado relegados a una posición menos que marginal, por culpa del chavo-diosdado-madurismo) es ciertamente muy triste. Pero que nos haya ocurrido exactamente lo mismo en materia petrolera es criminal. Eso es lo que acaba de suceder con la vergonzosa derrota sufrida por el desgobierno venezolano en la reunión que la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, sostuvo en Viena el pasado jueves 27 de noviembre.
 

La actual baja en los precios internacionales del petróleo se produce como consecuencia del conjunto de respuestas que los países consumidores han dado tras un largo período de precios muy altos del petróleo. Este hecho determinó, en efecto, desde estrategias de racionalización del consumo hasta el desarrollo de tecnologías para la extracción y producción de “petróleo no convencional”, también llamado “petróleo de esquisto”. Esta tecnología, que consiste en fracturar y extraer de la roca materia orgánica para procesarla y obtener de ella este petróleo no convencional y gas natural, es mucho más costosa que la explotación subterránea tradicional. Pero los altos costos del petróleo ordinario hicieron tolerable invertir en la nueva tecnología.
 

DE FUNDADORES DE LA OPEP A BUFONES EN VIENA

Esta nueva oferta de crudo ha determinado la baja del precio internacional del que ahora es, por obra y gracia del gobierno, nuestro UNICO producto de exportación, y ante esa realidad fueron debatidas en la OPEP en esencia dos posiciones: la de Rafael Ramírez y Nicolás Maduro, que pretendía bajar la producción mundial para manipular al alza el precio del petróleo, pretendiendo que la OPEP actuara como un cártel monopólico en detrimento de los consumidores (exactamente lo contrario de lo que dicen en materia económica interna, por cierto…); y la de Arabia Saudita, que, con un sentido estratégico del negocio petrolero, planteaba que mantener artificialmente altos los precios del petróleo solo estimularía el desarrollo de nuevas tecnologías que (como el petróleo de esquisto, precisamente), amenacen cada vez más el interés nacional de los países productores. Triunfó en Viena la tesis saudita, y al día siguiente de aprobar no recortar la producción cayó el valor de las acciones de las empresas de petróleo de esquisto en la Bolsa de Valores de Nueva York, tal y como los sauditas habían anunciado.
 

En 1960, bajo el gobierno democrático de Rómulo Betancourt, Venezuela fue quien impulsó la creación de la OPEP, jugando en ello un papel estelar la visión de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Hoy, en ese escenario creado por Venezuela, “le dan una pela” al gobierno venezolano no sólo por quedar en minoría, sino por haber sostenido una posición alejada de los intereses estratégicos de los países productores. Tras malbaratar la bonanza petrolera de 12 años, tras haber sido derrotado en la OPEP, el diosdado-madurismo pretende ahora con su paquetazo fiscalista sacarle al bolsillo de los venezolanos (de todos, de los pobres y de los empobrecidos) el dinero que antes extraían del oro negro. Tal vez eso era lo que prefiguraba Ali Primera cuando cantaba: “Que se está secando el pozo/ discuten en el congreso/ pero el pueblo forma ahora/parte activa en el progreso/ ahora sacarán petróleo/ derivado de sus huesos…”


“TIN MARIN, QUE ARDA LA CANDELA…”

Si, arde la candela de la indignación de chavistas, opositores e independientes en el Barrio Marín, en San Agustín del Sur. Carolina González y Gilberto Sojo, vecinos de esa humilde y emblemática barriada caraqueña, fueron detenidos el jueves 27 por el SEBIN junto a su hijita de tres años de edad. Su “delito” es ser demócratas, activistas del partido Voluntad Popular. Tras pasar 24 horas presa en El Helicoide la bebé fue devuelta a su casa, a las manos de una vecina, sufriendo fiebre y diarrea. Luego liberaron a Carolina, y a Gilberto anunciaron que lo presentarían en tribunales. Esta detención ilegal (sin orden judicial, sin flagrancia) se suma a la citación contra María Corina Machado, al juicio contra Juan Carlos Caldera e Ismael García, a la amenaza de muerte contra el dirigente sindical José Matute, a las torturas contra Raúl Emilio Baduel y Alexander Tirado y a un largo etcétera que revela que la cúpula podrida gobernante pretende aplicar su paquete fiscalista, consecuencia de su caos económico y su desastre petrolero, apelando a la represión, la persecución y el terror. Estrategia que, nadie lo dude, será respondida con firmeza, movilización, serenidad y contundencia por el pueblo venezolano, por TODO el pueblo, los que siempre nos opusimos a este desgobierno y los que hoy descubren la estafa de ese “proyecto”.


Este pueblo unido enseñará a la cúpula podrida que el petróleo no es una telenovela y que el país no es una comiquita. El barranco autoritario no tendrá final feliz. La lucha popular sí.

¡Palante!

domingo, 23 de noviembre de 2014

CACEROLAZO EN EL 23 DE ENERO: ASI ES COMO DE VERDAD “SUENA CARACAS…”


Los tiros del malandro, los gritos del atracado, el llanto de la madre, de la esposa, de la hija; el ulular de la ambulancia que ruletea al herido porque en ningún hospital hay los insumos o los aparatos necesarios para atenderlo; el escándalo de los bares a cielo abierto en esta ciudad sin ley; el estruendo de las motocicletas de alta cilindrada usadas por sujetos que son “escoltas de enchufados” de día y “piqueros impunes” de noche; el ladrido de los perros que en la alta madrugada intentan espantar a los indigentes que hurgan en las montañas de basura… Así, y no de otra manera, es como de verdad “suena Caracas”…


“A fulano de tal lo sonaron”, solían decir hace años los individuos de mal vivir para indicar que uno de ellos había sido asesinado con arma de fuego. Esa manera de conjugar el verbo “sonar” recibió incluso el reconocimiento de la Real Academia de la Lengua: En su 7ma acepción el DRAE afirma que “sonar” puede significar “Morir o padecer una enfermedad mortal. Fulano sonó. Nuestro amigo está sonado”. En su octava acepción el diccionario de la Real Academia nos dice que “sonar” también puede significar, en caso de que sea “dicho de una persona o de una cosa: Fracasar, perder, tener mal fin. El negocio sonó”. En su novena acepción, el DRAE nos da otro significado posible del verbo “sonar”, y pone un ejemplo que parece redactado especialmente para Venezuela: “Sufrir las consecuencias de algún hecho o cambio. Los inquilinos estaban bien, pero sonaron cuando se dictó la nueva ley de alquileres”.


Es ese el sentido en que debemos entender que la Alcaldía del Municipio Libertador le haya puesto “suena Caracas” a un evento que con nueve días de música pretende hacernos olvidar 15 años de malos gobiernos: los que asesinaron la convivencia, los que han permitido y estimulado que el hampa sea dueña y señora de los espacios públicos, los que permitieron que la Policía que debe proteger a los caraqueños se convierta en una institución degradada e intervenida; los que en vez de urbanizar los barrios ranchificaron al resto de la ciudad, ahora reconocen públicamente que ellos “sonaron a Caracas”. Y, además, lo dicen con musiquita y desparpajo.


Pero Caracas también suena a protesta, a rabia, a indignación popular. Estos eventos que a continuación enumeramos no fueron televisados, pero ocurrieron: El pasado jueves 20 un intenso cacerolazo estremeció la noche en un sector de Caracas. No era El Cafetal, no era Macaracuay, no era Terrazas del Ávila, urbanizaciones cuyos combativos habitantes a menudo utilizan ese recurso de protesta. No. ¡Era la comunidad del 23 de Enero, en pleno corazón del oeste de Caracas, protestando enardecida por un apagón de más de dos días! La fortaleza del cacerolazo fue tal que ensordeció a los grupos irregulares que generalmente se ubican en los alrededores del lugar llamado “El Rincón del Taxista” para desde allí desplazarse para “aplacar”, si surge, alguna protesta. ¡Esta vez no pudieron hacerlo, pues la protesta surgió de todos lados, al mismo tiempo! Desmoralizados, los integrantes de esos grupos paramilitares fueron “a recrearse” en unos locales presuntamente ubicados en el Bloque 45, zona central, sector “el ciempiés”, donde según los vecinos funcionan unos casinos ilegales, regentados por esos mismos grupos violentos mal llamados colectivos.


Caracas suena también a la protesta realizada ese mismo jueves 20 por vecinos de Montalbán, hartos de que unos delincuentes que visten prendas militares siembren zozobra en el sector; Caracas suena a la protesta de los ciudadanos que este viernes 21 interrumpieron el tránsito en la autopista Valle-Coche a la altura de Longaray, para denunciar presuntos engaños del programa “Venezuela Productiva”; Caracas suena a la protesta reiterada de los vecinos de Santa Ana, Carapita, Antímano, por falta de gas doméstico; Caracas suena a la protesta protagonizada por los hermanos nuestros que hoy residen en los edificios construidos por la llamada “Gran Misión Vivienda Venezuela”, que en semanas recientes trancaron la Av. Nueva Granada denunciando que las viviendas que ocupan, prácticamente recién estrenadas, ya presentan grietas y otras fallas. “Caracas suena”, como no. Suena a río crecido. Y “cuando el río suena, piedras trae…”.


Tras 15 años de oídos cerrados a la protesta ciudadana, no es de extrañar que el gobierno ignore el ruido profundo del clamor popular y pretenda opacarlo con el estruendo de la fiesta alquilada. Pero lo que sí sería imperdonable es que ese sonido de la indignación popular no sea recogido y amplificado por quienes queremos un cambio urgente de gobierno y de modelo. Los demócratas TENEMOS que ir al encuentro del descontento y transformar esa indignación popular en energía de cambio. Para eso es indispensable que avancemos en reinventar nuestros conceptos de “organización” y “movilización”. Nos organizamos no para “reunirnos”. “Reunirse” no es un fin en sí mismo. El de “reunido” no es un nuevo “estado civil”. Los demócratas nos reunimos para atender una agenda que básicamente debe comprender dos puntos: 1) Cómo luchamos para mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo allí donde estamos, en nuestra circunstancia inmediata, donde vivimos o donde laboramos. Y 2) Como contribuimos a promover el cambio democrático para toda Venezuela empezando desde allí, desde nuestra circunstancia local.


Atender esa agenda implica movilizarnos, y el escenario en que se verifica esa movilización para lo local y lo nacional, para lo comunitario y lo social, para lo reivindicativo y lo político es, por supuesto, “la calle”. Pero no una calle cualquiera: No la calle de las grandes movilizaciones opositoras, a las que siempre acudimos sólo los ya convencidos; No la calle llena de gas lacrimógeno y escombros, con activistas y represores pero sin pueblo. La calle que nos interesa es la calle con pueblo y sobre todo con pueblo por convencer. Y RESULTA QUE ESA CALLE ESTA ACTIVADA DESDE HACE TIEMPO CON LA PROTESTA SOCIAL. Muchos opositores que a diario piden “calle, calle” generalmente no advierten que la calle por la que claman esta activada, e incluso está esperando por ellos. Pero la protesta política sola se aísla. Y la protesta social sola se agota. Es indispensable entonces unir reclamo social y perspectiva política. Eso es lo que significa “unir pueblo con pueblo” en esta nueva etapa de la lucha.


El sonido de la protesta popular se oye no sólo en Caracas. Es incluso más intenso y organizado en muchos lugares del interior del país. Las 28 leyes habilitantes del Paquetazo Rojo sólo prometen para el futuro más intensidad en el reclamo social, y las leyes habilitantes de la represión y el “sapeo” masivo no lograrán callar a esa Venezuela que también “suena”. Los opositores que claman por “calle” deben asumir que, por el contrario, la calle social, la calle con pueblo protestando (esa calle que existe a pesar de que en la “nueva” Globovisión el programa más visto es un magazine de farándula) está clamando por ellos. En el 2015, que nadie lo dude, venceremos a la cúpula podrida en las mesas electorales. Pero antes hay que vencerla en la calle. En la calle activada socialmente: Esa calle con pueblo que ya rompió con el gobierno, pero que aún no se ha incorporado a la esperanza de cambio.

¿Así, o más claro?

¡Palante!

sábado, 15 de noviembre de 2014

EL ESCUDO DE TODOS: LA POLÍTICA SOCIAL EN LA VENEZUELA TRICOLOR


En 1988 llegó al poder un grupo de venezolanos que, no tenemos porque dudarlo, querían lo que ellos creían era lo mejor para nuestro país. El proyecto que tenían se llamaba “El Gran Viraje”.
 

Tal viraje era esencialmente económico. Pretendía romper con el rentismo petrolero, promoviendo la capacidad exportadora del aparato productivo nacional. Para quienes asumían la conducción de ese proceso, la viabilidad social y política de ese proyecto descansaba en el “carisma” y liderazgo de la persona que ocupaba la Presidencia de la República. El tema de los costos sociales del programa de ajuste era visto desde la óptica de lo “compensatorio”, esto es, aligerar un poco el impacto de los efectos inmediatos del ajuste sobre los pobres y la clase media baja. De acuerdo a la “lógica” manejada entonces, la resolución de los problemas sociales de fondo (inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual posibilidad de aprovechamiento de las mismas…) sólo tendría respuesta verdadera en el largo plazo. “La mejor política social es tener una buena política económica”, fue la expresión utilizada entonces para colocar lo económico por encima de lo social. El “largo plazo” de este proyecto nunca existió. Es la costosa historia conocida...


En 1998 llegó al poder otro grupo de venezolanos que, tampoco lo dudamos, igualmente querían para el país lo que ellos creían que sería lo mejor. No llegaron al poder con un proyecto claro, pero si con consignas de gran capacidad movilizadora. Al principio dijeron que no eran comunistas, que en Cuba había una dictadura y que el control de cambios era indeseable. Su principal consigna fue la “Constituyente”, que implicaba la realización de un conjunto de cambios fundamentales en lo político-institucional.

Tras esos cambios se perfiló, entonces si, una suerte de proyecto político que llamaron “revolución”. Este proyecto profundizó el rentismo petrolero, pues para enfrentar la influencia política y cultural del sector empresarial optó por destruir el aparato productivo tanto en el sector agro-industrial como en el sector industrial manufacturero, lo que hizo al país extremadamente dependiente de las importaciones, y en materia social generó los siguientes efectos: los sectores pobres siguieron siendo pobres, amplios sectores de clase media se convirtieron en empobrecidos y la burguesía productiva nacionalista se vio sustituida por una boliburguesía parasitaria y verdaderamente apátrida. Nuevamente la viabilidad social y política de ese proyecto descansó sobre el “carisma” y liderazgo de la persona que ocupaba la Presidencia de la República. El tema de los costos sociales de esas prácticas es manejado desde una perspectiva clientelar y de control político, usando la política social del Estado para premiar lealtad o castigar autonomía.


De acuerdo a la “lógica” manejada ahora, la resolución de los problemas sociales de fondo (inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual posibilidad de aprovechamiento de las mismas…) sencillamente no está planteado como objetivo del Estado, porque “no los vamos a sacar de la pobreza para que se conviertan en escuálidos”. “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”, fue la expresión en algunos momentos utilizada para colocar lo político por encima de lo social. Ese proyecto si tuvo largo plazo, desastroso. Es la historia que hoy padecemos.


En la Venezuela Tricolor que habrá de suceder a este desastre rojo no habrá fundamentalismos político-ideológicos ni dogmas técnico-económicos que se erijan en camisas de fuerza: “Lo económico” y “lo político” serán los dos brazos necesarios para operar de manera concurrente y armoniosa sobre lo que debe ser el centro de la acción del Estado, que es LO SOCIAL.

Y “atender lo social” tras 15 años de destrucción sistemática de la infraestructura pública para operar en educación, salud y seguridad ciudadana; tras 15 años de deterioro del empleo público, privado y hasta del emprendimiento; tras 15 años de promoción expresa de los antivalores de la violencia y la muerte, y de también expresa agresión a los valores de la cultura del trabajo, será una tarea al mismo tiempo urgente e importante: Urgente, porque sin el abordaje exitoso de corto plazo no habrá la gobernabilidad necesaria para acometer los cambios de fondo; Importante, porque de lo que se trata es precisamente no de seguir “corriendo la arruga” sino de dar respuesta cierta a los problemas sustantivos: “inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual posibilidad de aprovechamiento de las mismas…”.


En el ámbito de lo urgente se verificará un cambio sustancial en la lógica de los programas sociales: La política social del Estado Venezolano dejará de ser el instrumento de dominio y manipulación de unos, o el gran negocio de otros, sino que será el ESCUDO de todos. La política social del Estado será el Escudo que protegerá a los más débiles entre los débiles, a los más frágiles entre los frágiles, a los más pobres entre los pobres, de los nefastos efectos de 31 años de crisis y de los últimos 15 años de saqueo masivo. Y será también el Escudo que protegerá a TODA la sociedad de las indeseables consecuencias que en materia de lesiones gravísimas a la convivencia social tiene que más de un tercio de la población este hoy sumido entre la pobreza crítica y la pobreza extrema.


Este Escudo contra la pobreza y contra la desesperación no promoverá adicción, conformismo ni dependencia del ciudadano frente al Estado. Por el contrario, junto al auxilio socioeconómico para sacar a una familia de la precariedad urgente, estará también el apoyo socioeducativo para liberarla de la precariedad permanente. En vez de utilizar, como hoy, la política social para dotar al Estado de rehenes socioeconómicos, las herramientas, programas y proyectos de la política social estarán orientados a promover a un pueblo autónomo, independiente, dueño de su vida y capaz de gerenciar su futuro, en fin, un pueblo que sea capaz de ejercer el “poder popular” más allá de la ficción burocrática, un pueblo al que llamarlo “El Soberano” no sea una ironía.


Esto va mucho más allá, por cierto, de aquella simpleza de que “no hay que darle el pescado, sino enseñarlo a pescar”. Como alguna vez nos dijera en entrevista Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, “en este país hay muchísimas necesidades de muy diverso tipo, y todas exigen respuestas diferentes y urgentes: A algunos hay que darles el pescado, a otros hay que enseñarles a pescar y a otros incluso hay que comprarles los peces que pescan, mientras desarrollan sus propios mecanismos de mercadeo y comercialización. Pero a todos hay que apoyarlos. El de la pobreza extrema no es un problema de dogmas académicos, sino de urgentes necesidades humanas”. Que esto haya sido afirmado no por algún sociólogo centroizquierdista, sino por el empresario privado más exitoso del país, revela la importancia de abordar el tema de la pobreza extrema no desde los también angulosos extremos de los dogmas ideológicos, sino desde la proactiva perspectiva del compromiso social y la vocación democrática.


Estos deberán ser algunos de los rasgos distintivos de la Política Social del Estado en la Venezuela que viene, la Venezuela Tricolor: Un Escudo de todos, una mano solidaria para alcanzar la sobrevivencia de quien se encuentre en situación desesperada, otra mano solidaria para -resuelta la emergencia- ayudar ese hermano nuestro, a esa familia humilde, a continuar de manera cada vez más autónoma construyendo su vida, ejerciendo ciudadanía, para que esté e sus propias manos el ya jamás volver a ser pobre.

¡Palante!

domingo, 9 de noviembre de 2014

DEL DESASTRE ROJO A LA VENEZUELA TRICOLOR: EL PROYECTO


El oficialismo no tiene ideas para salir de la crisis. En realidad nunca tuvieron ideas para gobernar a este país, si por "gobernar" entendemos la búsqueda del bien común, y por eso precisamente fue que nuestro país cayó en la crisis atroz en que actualmente se encuentra, con escasez de medicinas, alimentos y paciencia, con abundancia de violencia, corrupción e impunidad, pese a que el régimen dispuso en los últimos 15 años de la más alta cantidad de dinero, popularidad y control institucional que gobierno alguno haya disfrutado en los últimos 200 años.


Tuvieron, si, consignas. Tuvieron la habilidad para conectar esas consignas con profundos pozos de resentimiento social que encontraron en el alma nacional. Tuvieron la falta de escrúpulos necesaria para utilizar ese resentimiento como sustituto de su inexistente plan político, para así llegar al poder por la vía electoral cabalgando sobre el rojo caballo del odio. Y llegaron al poder de esa manera, con esa orfandad doctrinaria, recitando necedades como las de "El Oráculo del Guerrero" y reverenciando las obviedades fascistoides de Norberto Ceresole. Así fue como cayeron en manos de los Castro, cuyo único "proyecto" es la sobrevivencia de su casi sexagenaria tiranía. En vez de una propuesta para construir la Venezuela del Siglo XXI el oficialismo sólo atinó a encarnar en nuestro tiempo la pulsión militarista del Siglo XIX, de manejar a Venezuela como un botín de guerra, como una hacienda particular, como un potrero, salpicada con nostalgias ajenas que tomaron prestadas de la iconografía castro-guevarista que causó lamentable furor en la sexta década del Siglo XX. Pero, en materia de ideas, poco más.


En cambio, el pueblo demócrata si ha ideado, diseñado y presentado al país varios conjuntos de ideas articuladas, útiles para definir cómo será un país regido por los principios y valores que congregan a quienes luchamos por un cambio. En los Programas de Gobierno presentados por Henrique Salas en 1998, por Manuel Rosales en 2006, por Henrique Capriles en 2012 y 2013, así como en numerosos documentos y declaraciones emitidos por la Mesa de la Unidad Democrática, es posible constatar no sólo la existencia de un proyecto de país alternativo al actual Desastre Rojo, sino además es posible advertir como ese proyecto ha ido madurando, creciendo, enhebrándose, tejiéndose y retejiéndose, para expresar cada vez con mayor nitidez y eficacia los anhelos de esta Venezuela que conoció la democracia política en los 40 años de la República Civil y que ahora se apresta a construir una nueva experiencia democrática, en la que los mecanismos de la política, los resortes de la economía y las instituciones de lo social estén siempre llenas de pueblo, de gente, de ciudadanía en permanente ejercicio de soberanía, pues esa y no otra es la única garantía eficiente contra los desvaríos de la demagogia y el autoritarismo.


Lo agudo y grave de la crisis actual nos obliga sin embargo a que ese progresivo proceso de optimización del proyecto de cambio democrático cristalice hoy no en un "programa de gobierno", no en un "recetario" exhaustivo, sino en una oferta política clara, en un conjunto de pinceladas que dibujen con eficacia, ante la inteligencia y el corazón de los venezolanos, como será la Venezuela Tricolor que sustituirá al actual Desastre Rojo. Como contribución a esa elaboración colectiva, en la que trabajan centenares de equipos técnicos y profesionales de los partidos que integran la Mesa de Unidad Democrática y calificados grupos de trabajo independientes cercanos a la Alianza, adelantamos los siguientes criterios:


1) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO PROPIETARIO

Cada quién será dueño de lo suyo, de lo que haya logrado y construido con su trabajo honesto, con su dedicación y esfuerzo, con su compromiso y dedicación. Quien viva en una humilde casa en un barrio será dueño de la tierra en que la misma este levantada. Quien resida en una vivienda construida por el Estado será propietario y no "adjudicatario" de la misma. Quien trabaje en un puesto en un mercado será dueño de su negocio, y no "concesionario" del gobierno. Si esos y otros emprendimientos prosperan y llegan a convertirse en grandes empresas seguirán teniendo las mismas garantías, pues el derecho a la libre empresa es, como la libertad de trabajo, un derecho humano fundamental y una garantía constitucional.


2) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO SOLIDARIO

Nadie podrá discriminar a nadie, por no tener dinero o por tenerlo, por el color de su piel o por el nombre de su dios, por ser oficialista o por ser opositor. La pertenencia a la burocracia oficial tampoco será pretexto para la discriminación socioeconómica. Se acabará para siempre el Desastre Rojo en que los ciudadanos andan por las calles con dificultades extremas para encontrar medicinas, alimentos y hasta sin desodorante, mientras que los jerarcas van a hospitales del exterior en aviones de PDVSA con sus esposas, suegras y niñeras. En la Venezuela Tricolor "inclusión" y "solidaridad" dejaran de ser consignas cínicas y pasarán a ser realidades cotidianas.


3) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO PRÓSPERO Y EL ESTADO AUSTERO

Todos podrán llegar a ser lo que quieran ser. Progresivas medidas sociales, económicas y hasta constitucionales promoverán que el dinero del petróleo no siga siendo malbaratado en gasto corriente, en negocios de unos pocos o en la inútil promoción de la quincalla política de una cúpula, sino que será usado íntegramente para que todos tengamos un servicio de salud excelente, una educación de alta calidad (orientada a formar ciudadanos creativos, productivos y críticos, no a adoctrinar "cuadros" dóciles a un credo político), una vivienda propia y confortable y pensiones de monto suficiente para una vejez tranquila y segura. El Estado vivirá de su legítima y razonable participación en la riqueza generada por los ciudadanos, y los ciudadanos viviremos del ingreso estable que proporcionarán empleos de calidad creados por empresas privadas que producirán riqueza y bienestar en áreas como el turismo, agroindustria, industria, comercio y servicios, ciencia y tecnología. En la Venezuela Tricolor solidaria e inclusiva nadie podrá ser pobre, pero una economía abierta y productiva brindara oportunidades para que todo el que quiera ser rico pueda serlo, tanto como su inteligencia y su trabajo se lo permitan.


4) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO SEGURO

Los únicos que se sentirán inseguros serán los delincuentes, los violentos, los criminales. Policías profesionales y competentes los atraparán; fiscales eficientes e independientes los acusarán; tribunales autónomos los juzgarán, y un sistema penitenciario decente administrará castigo y oportunidades de rehabilitación. En la Venezuela Tricolor las personas tendrán seguridad ciudadana para vivir y disfrutar, y las empresas (nacionales y extranjeras) tendrán seguridad jurídica para trabajar y producir.


5) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO UNIDO EN SU DIVERSIDAD

Los venezolanos dejaremos de estar enfrentados en "bandos" y volveremos a ser un NOSOTROS, diverso pero armonioso: Al contar con seguridad social eficiente que aleje el peligro de la pobreza, con la seguridad económica que acerque el objetivo de la prosperidad, y con una seguridad pública respetuosa del ciudadano y firme frente al delincuente, volveremos a vivir en vez de sobrevivir, volveremos a disfrutar nuestras ciudades en vez de padecerlas, volveremos a tener nuestras familias unidas en vez de tenerlas separadas por la muerte o el exilio. No se acabarán las diferencias, obviamente. Pero cada quién podrá expresar sus opiniones y preferencias sin riesgo de ser perseguido, preso, torturado, asesinado o expuesto al escarnio público sólo por pensar distinto a quien circunstancialmente ejerza el poder.


Y todo esto estará garantizado no por la voluntad displicente de un caudillo, sino por una democracia participativa de verdad, por unas instituciones eficientes y con pueblo, por unas fuerzas armadas al servicio de la Nación y no de un partido o una ideología, por un Estado al servicio de la ciudadanía y por una ciudadanía educada, organizada y movilizada, todo ello en el marco del pacto de convivencia que es la Constitución Nacional.


Construir una Venezuela Tricolor como la aquí descrita es plenamente posible. Los venezolanos tenemos perfecto derecho a vivir en un país del Primer Mundo. Y la ruta hacia ese objetivo no es Maiquetía, sino LA UNIDAD: Unidad de sueño y compromiso, unidad de preocupación y ocupación, unidad de reflexión y lucha, UNIDAD DE VOTO Y CALLE. Y, por encima de todo, unidad de quienes siempre hemos adversado al Proyecto Totalitario con los compatriotas hermanos nuestros que en los últimos dos años han descubierto que ese proyecto es una oferta engañosa, una estafa. Venzamos a los estafadores, construyamos la viabilidad para este sueño plural, avancemos desde los escombros del Desastre Rojo hacia la libertad, la igualdad y el progreso de la Venezuela Tricolor. Y hagámoslo JUNTOS porque, como dice nuestro entrañable Gloria al Bravo Pueblo, "¡La Fuerza Es La Unión!"

¡PALANTE!