sábado, 2 de diciembre de 2017

LECHE A MILLÓN...

 
“Prendan la luz que es diciembre” repite la propaganda oficial, fastidiosa, machacona.  Pero luz no hay, y diciembre tampoco. El colapso del Metro hace que, como zombies, los caraqueños caminen en la oscuridad al final de la jornada, porque en estos tiempos anochece más temprano en calles sin alumbrado, atestadas de basura y sin camionetas de transporte público.  Sombrío, frio, nublado empezó el último mes del año.  El asunto no es climático. Es económico. Es social. Es de sentido común: Hay hambre, hay miedo, hay rabia.  En las calles y en las casas.  En estómagos y corazones. 

 
La macro economía y la micro economía se unen en una sola tortura: el cambio ilegal llegó a más de cien mil bolívares por cada unidad de la divisa innombrable, y la leche en polvo llegó a casi un millón de bolívares por kilogramo.  Los centros comerciales parecen funerarias, por lo tristes, y las funerarias parecen joyerías, por sus precios. 

   
El régimen planificó y programó con cuidado este anti-diciembre que desde hace tres días transcurre. Meses atrás lanzamos el alerta: “¡Lo que viene es hambruna…!”  No hacia ser falta ser vidente. Investigamos y sabíamos lo que estaba pasando en el rebaño vacuno nacional, diezmado por la aftosa; Sabíamos que al no haber maíz amarillo ni soya para el alimento concentrado de pollos y gallinas ponedoras, no habría tampoco pollos ni huevos; Sabíamos de la reducción de la superficie sembrada en todos los rubros agrícolas, porque el gobierno no importó la semilla suficiente y la que importó fue de mala calidad, lo que reduce el rendimiento por hectárea, y porque no había ni pesticidas ni insumos para sembrar ni vialidad para sacar la exigua cosecha.  Lo supimos y lo dijimos;  Lo sabían los productores, y lo denunciaron;  Lo sabía la dirección opositora y no hizo caso de la crisis económica y social, enfrascada como estaba en la pugna jurídico-política; Lo sabía el gobierno, lo sabe bien, porque esta destruyendo el país a conciencia. 
 
 
“Yo he pagado puntualmente la deuda externa”, se vanagloria Maduro, como si fuera una virtud haber endeudado al país de manera opaca e improductiva justo cuando el régimen nadaba en un mar de petrodólares.  Pero además no dice que para pagar esa deuda ha realizado la más drástica y brutal contracción en las importaciones que se haya hecho nunca desde que empezó la era petrolera en Venezuela. El hecho de que esa contracción de importaciones se haga después de haber destruido el aparato productivo interno explica porque hoy no hay alimentos ni medicinas.
 
 
Para intentar vender mentiras el régimen recurre a acelerar la emisión de dinero sin respaldo.  Por eso es que Maduro anuncia que va a “regalar” un “ticket de 4 millones para comprar juguetes” a quienes tengan en su bolsillo el carnet que los acredita como siervos socioeconómicos del Estado. Dinero inorgánico para comprar juguetes inexistentes, porque nadie ha podido producirlos o importarlos.  “La inflación es inducida”, gritaba el gobierno hasta hace poco. Hoy se sabe que al menos en eso dicen la verdad:  ¡La hiperinflación es inducida, inducida por ellos!

 
A última hora una fuente oficial confirma lo que todos sabemos: Petróleos de Venezuela esta destruida por una red de delincuentes y saqueadores rojos-rojitos. La misma red, por cierto, que fue denunciada desde hace más de un año por la Asamblea Nacional, y que en su momento fue protegida por el Ejecutivo Nacional y por el Tribunal Supremo de “Justicia”.  El país sabe que esto no es “lucha contra la corrupción” sino un ajuste de cuentas entre bandas en pugna.  Y sabe además que, con una PDVSA destruida, será mucho más difícil el proceso de reconstrucción de la economía, de la convivencia y de la estabilidad en el país.

 
Esa es la angustia de los pacientes transplantados, de los pacientes renales, de los que luchan contra el cáncer, de los que luchan contra la hemofilia o contra muchas otras dolencias catastróficas, condenados a muerte por falta de medicinas.

 
Ese es el dolor de los nidos vacíos, de esos hogares venezolanos hoy sin hijos y sin nietos, apartamentos y casas que súbitamente se volvieron demasiado grandes, llenas de vacíos y de silencios por la emigración forzada.

 
Ese es el dolor de los venezolanos víctimas de la malaria o aterrados por la difteria, indignados por las insólitas declaraciones de un ministro de la “salud” en las que habla de una jornada de aplicación de una inexistente vacuna contra la malaria, mientras la vacuna contra la difteria si existe pero no se encuentra.

 
Ese es el dolor de los padres y madres de familia que vimos como en 18 años pasamos de tener aquel país en el que los “niños de la calle” pedían propinas en los semáforos, a este país en el que los “niños de patria” literalmente mueren de hambre en calles y hospitales.

 
Ese es el dolor de quienes vemos como pasamos de aquel país en el que los perros callejeros rompían en las noches las bolsas de basura, a este país en el que los indigentes se comen a los perros callejeros…

 
Ojalá que el régimen y la dirección opositora entiendan el dramatismo de esta hora venezolana. No es la continuidad del régimen o el acceso de la oposición al poder lo que esta en juego. El colapso que esta a punto de ocurrir puede devastar al país, acabar con gobierno y oposición y sumir lo que quede de Venezuela en una noche oscura y feroz, con la factura petrolera (disminuida pero siempre apetecible) en manos de los pranes del crimen político, y con la vida cotidiana del venezolano en manos de los pranes del delito común, que ya hoy ejercen control territorial en extensas zonas.



Evitar ese panorama horrendo aun es posible. Pero el tiempo se acaba.  Es necesario entonces que el país que estudia y trabaja, el país que investiga y se esfuerza, el país que hace arte y deporte, eleve su voz y haga presión. 

Presión popular, presión ciudadana, legítima y pacífica, para que en vez de caer al abismo de la destrucción y la violencia, Venezuela pueda elevarse por encima de la incompetencia y la corrupción del gobierno y también por encima del egoísmo y la inmadurez que a veces atrapa a la dirigencia de la oposición. 

Claro que se puede.  ¡Palante!




1 comentario:

  1. Tan demoledor como la realidad que padecemos, como la rabia que atrapa y desgasta a tantos, como la tristeza que cargan a cuesta otros miles de miles. Chuito, en días como hoy, no logro ver el pa'lante conque nos animas. Anteayer una mujer que conozco y respeto recibió una llamada de salud-ya, o como se llame, y le dijeron que fuera a buscar sus remedios ayer a tal parte. La señora mandó a una hija a las siete de la mañana. Le tocó el número 758 y la vinieron atendiendo a las seis de la tarde, ojo, no le dieron todo lo que necesitaba y lo que le dieron cubre un mes de tratamiento incompleto.
    El viernes mi pueblo era un hervidero de gente que quería sacarse el carnet de la patria. Digo quería porque llovió toda la mañana y hasta media tarde, la gente no se movía de la cola porque "con el carnet te dan 500." Vi varias camionetas de gente que estaba haciendo cola. Después vi ese mismo viernes al final de la tarde, licorerías atestadas de gente consumiendo licor en plena vía, con maleta del carro abierta para que se escuchara su maravillosa música...
    Mendigos, Chuito, en eso nos hemos convertido... Pa'lante? Dios te oiga. Hoy no encuentro el clavo ardiente de dónde agarrarme. Hoy te leo y encuentro el retrato de lo que veo y ya no sé dónde queda "alante."

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