domingo, 21 de enero de 2018

DELSA, O EL DOLOR TRANSFORMADO EN FUERZA


Venezuela no esta ya al borde del precipicio, sino “cuesta abajo en la rodada”. Ver al gobierno dividido, con un sector saboteando sangrientamente en El Junquito lo que otro sector intenta pactar en Santo Domingo, revela que no sólo el país se le fue de las manos al régimen, sino que éste es incapaz de controlarse a si mismo. “Amarren a sus locos”, dice la oposición.  Muy difícil, cuando son “los locos” los que tienen el poder de fuego y el poder político para maniatar a las instituciones, asesinar a los ciudadanos, atropellar a sus familiares e imponerle una “política de hechos cumplidos” a todo el oficialismo.  A Maduro solo le queda, por ahora, el triste papel de sumarse tardíamente al desmadre, para simular penosamente que aun esta “en control” de algo…
 

  “Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”, fue consigna repetida en distintas ocasiones por Chávez y por la oposición democrática.  La Constitución no es sólo un libro o un contrato, es la red de emergencia que puede salvar a un país que ha tropezado y caído.  Pero a Venezuela le quitaron esa red. El régimen se dotó de una “Constituyente” (convocada por quien no debía, electa de manera irregular, funcionando en medio de un abrumador repudio y desconocimiento nacional e internacional) y ahora el texto constitucional sólo rige para algunos venezolanos de a pie, mientras los caprichos del poder son elevados a la fantasiosa e írrita condición de “decretos” o “leyes constituyentes”.  El régimen empujó el país al barranco y le quitó la red que podía salvarlo, y apenas ahora algunos de sus miembros se dan cuenta de que también ellos van dando tumbos hacia lo profundo del precipicio.
 
 
En la misma semana en que asesinan con tiro de gracia a Oscar Pérez y a sus compañeros, en el mismo tiempo borrascoso en el que fallecen ahogados cinco balseros venezolanos que huían del hambre hacia Curazao, en el mismo enero venezolano en que cuatro ciudadanos en Mérida, uno en Portuguesa y otro en Vargas son asesinados en disturbios por hambre,  representantes de los cuatro partidos “menos pequeños” de la oposición venezolana se reúnen para discutir la supuesta urgencia de unas “elecciones primarias”, como si zanjar las disputas por el liderazgo en la oposición fuera más importante que la construcción de una gran consenso nacional, político y social, para detener la crisis e iniciar la reconstrucción de una Venezuela hoy despedazada.

 
Pese a la hegemonía comunicacional del gobierno y por encima del desordenado discurso político de los distintos sectores de la hoy lamentablemente dispersa oposición, la realidad-real del país es evidente para todos los que no están cegados por las gríngolas de las ambiciones políticas o de las apetencias de la rapiña económica: Venezuela hoy esta tan destruida como la casa en que sitiaron y asesinaron a Oscar Pérez y a sus seis compañeros.

   
En efecto, desde los habitantes de los barrios más humildes de Caracas hasta los tenedores de bonos de la deuda venezolana que en Nueva York, Londres, Madrid, Moscú o Beijing siguen con inquietud los sucesos del país, todos tienen claro que el estado actual de la crisis política, social y económica venezolana es insostenible.  Y todos saben también que el estado “insostenible” de la crisis venezolana abre las puertas para que la misma cambie para peor, hacia escenarios de mayor violencia política, de más precaria convivencia social y de mayor penuria económica, el país ideal para los estafadores y asesinos. Igualmente, todos saben que para que la salida de la crisis sea hacia un escenario de reconstrucción económica, paz social y estabilidad política, hacia el país ideal para los ciudadanos, esa salida debe ser pacífica para que sea sostenible y negociada para que sea pacífica.
 
 
De manera que la palabra clave es “negociación”, la que haga posible el carácter pacífico de la salida política para garantizar así la sostenibilidad de la misma, creando de esa manera el marco de gobernabilidad y gobernanza necesario para la reconstrucción del país.

Los factores fundamentales de esa necesaria negociación son actores POLÍTICOS, entendiendo por tales incluso a actores militares o económicos que tienen una evidente relevancia y peso político en la actual crisis venezolana.  Independientemente de que su accionar pueda ser calificado como “autoritario”, “populista”, “democrático” o con cualquier otro adjetivo, todo actor político desarrolla su accionar en el escenario de la opinión pública, y así como el actor impacta la opinión pública, ésta también puede condicionar e influir en la conducta y discurso de los actores...

 
En el caso de la actual crisis venezolana, como consecuencia de diversos factores (tradición y cultura política signadas por el lastre del militarismo, carácter autoritario de la actual hegemonía gobernante, errores reiterados de la oposición democrática, etc.), existe un muy difundido escepticismo sobre la viabilidad de una salida política, es decir, pacífica y electoral a la actual crisis. Pero los recientes sucesos ponen de relieve una verdad inmensa:  Los principales beneficiarios de ese escepticismo son los factores delincuenciales que, enquistados en el poder, estarán siempre en contra de toda solución política porque sólo en el ámbito de la fuerza bruta y de los negocios turbios ellos tienen, literalmente, poder de fuego y poder económico.  No tienen pueblo ni el apoyo de la Ley, solo tienen balas y dinero sucio. Por eso no quieren negociación política, sino violencia sangrienta, como la ejercida criminalmente el lunes pasado en El Junquito.



A veces parece imposible reconstruir la esperanza. A veces olvidamos que hace sólo dos años derrotamos al régimen con sus mismas reglas, su mismo CNE y su mismo Plan República.  Pero aun en medio de este desastre hay luces que señalan el rumbo: El valor de los familiares de los asesinados, que convirtieron su dolor en fortaleza; La insobornable verticalidad de los obispos venezolanos, que cumplen su labor de líderes espirituales desafiando las amenazas y la grosera prepotencia del poder; El trabajo incansable y la palabra valiente de líderes políticos de verdad como Delsa Solórzano, cuyo testimonio de vida es el mejor ejemplo de que si se puede derrotar simultáneamente al régimen totalitario y al narcisismo ególatra de las cúpulas partidistas de la oposición, son señales contundentes de que si se puede.

 ¡Claro que si! ¡Palante!

1 comentario:

  1. La negociación requiere voluntad de quienes representan los intereses en conflicto. La camarilla gobernante no cree en eso. Impone y sino usa las balas y la cárcel. Es lamentable para el país.

    ResponderEliminar